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Publicado el 14/07/2014 | por Luis Rios

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El autobús mágico

Buenas buenas, ¿cómo andan? Hace mucho no aparecía por acá. Ah mirá, ¿cómo andas? ¿estás haciendo ejercicio? ¿no? Porque estas re flac@. En fin, volvía por acá para contarte la última aventura. Y no sé si tiene que ver con la serie que daba en Magic Kids o en Nickelodeon, no me acuerdo.

Esta es una historia real, le pasó al amigo de un amigo (?). Este amigo estaba esperando el ómnibus como todas las noches para volver a casa después de un negrero sacrificado y agotador día de trabajo. Al llegar el citado autobús para a 30 metros más delante de lo que tenía que parar. Nuestro héroe (?) debe correr para alcanzar subir por la puerta de atrás. Está de más decir que el cacharro venía atestado de negreros.

Al subir por atrás el apa en cuestión pensó: “Na’ape la nde pasaje chofer tembó” y al poco tiempo ocupó el último lugar del fondo. Siempre la lata de sardinas repleta. Llegando al microcentro capitalino (oita periodista), se escuchan gritos desde delante del mercho de 40 asientos. ¿Un robo? ¿Una tocada de culo?, No, una señora muy entrada en edad, puteando al chofer porque el Sebastian Vettel de La Unión SRL, venía hablando por su emarfón seguramente con alguna de sus yiyis porque chofer casado no existe he’i el gremio.

Todo bien, la señora increpando desde su asiento la decidía de meteoro al hacer las dos cosas al mismo tiempo cual vecino de barrio marginal al presidente en algún enlace en vivo del noticiero de Paravisión. Hasta ahí, historia harto conocida que terminaría con la afectada bajándose en el lugar donde tenía que bajar. Todo normal. El giro genial que le da el directo a la película se produce a continuación:

La señora se levanta de su asiento va a cantarle las 40 al chofer y de paso exige la devolución de su pasaje (el mismo que el pibe que estaba atrás seguía sin pagar). Al ver que al hombre del volante le chupaba un huevo y la mitad del otro lo que la señora tenía para decirle, esta decidió retirar de la caja el abono (pea he’ise le sacó plata del cajón sin permiso del patrón).

Ahí si el cuate salió de su trance y en una muestra genial de profesionalismo, sin soltar el volante comienza a responderle con los únicos insultos conocidos por los conductores; loca y cornuda. ¿La señora? Ya en el fondo tocando el timbre para bajar sin que el chofer le haga caso, ni tampoco a los terceros que querían bajarse.

La multitud dividida en 50 y 50 pero todos con el mismo pensamiento; “Nderakore chofer tembó dejanos bajar carajo, problema tuyo con la vieja nio es, no nuestro”. La escena se desarrolló durante 10 cuadras hasta que la ofendida cedió y devolvió lo que había tomado (te juro que habrá agarrado 3000 por ahí) y finalmente se abrió la puerta y unas 10 personas bajaron. Entre ellas la señora que le seguía gritando al fercho, quien solamente respondía; loca y cornuda.

Luego el viaje prosiguió normalmente. Ah, ¿y qué pasó con el ñato que se subió sin pagar el pasaje? Llegó a su casa sin poder hacerlo. Esta es una historia real, le pasó al amigo de un amigo. Hasta ahora seguimos sin saber si el chofer se dio cuenta que llevaba un polizonte a bordo.

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Sobre el autor

¿Se acuerdan del chismoso ese que murió? Ese no soy. Escribo lo que pienso, si no te gusta no lo leas, el único que puede censurarme es Vidal. Seguíme en @nosoyunvampire



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